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8/06/2014

Quiero llorar


No sé por qué lo hago, pero quiero llorar. Mi pecho hoy está apretado, como si hubiese pasado algo malo y un nudo insistente se ha mudado a mi garganta.

Mamá, déjame llorar.

No puedo respirar. Es como si alguien estuviese detrás de mí, sofocándome, susurrándome al oído cosas que no debería escuchar. Aprieta suavemente en mi garganta, como una caricia, para luego convertirse en una fuerza sobrehumana. “Ríndete”, parece decir, pero… Yo no quiero rendirme.

Y aún así, deseo llorar.

Mis ojos están vidriosos, padre. Las lágrimas luchan por salir de su cautiverio a raudales, como si no aguantasen vivir en mis párpados más y, sin embargo, las detengo, porque se me ha enseñado que no debo llorar. No expresaré mis sentimientos a través de simples expresiones de mi cuerpo. No lo haré…

Aunque, necesito llorar. 

Hoy las manos me tiemblan. No creo que pueda controlar mis impulsos como lo hacía antes. Es como si el cuerpo estuviese agotado de contenerse, exhausto de mis caprichos al no mostrarle a otros lo que llevo dentro. Está harto de la máscara que he colocado en mi cara. Llegó al punto de quiebre al que tanto temí.

Y por eso, voy a llorar.

Mi boca ya no responde a lo que mando. Se abre en un susurro que se convierte en el grito desgarrador que tanto esperé. Sollozos caminan a pasos detallados por mi lengua y finalmente, me desgarro. Estoy sola, al menos. No hay nadie quién me observe humillarme y, sin embargo, me detesto por ceder. Desearía detenerme, tranquilizarme y seguir como siempre fui, pero no hay más vueltas a retroceder. No quiero llorar…
 
Pero ya estoy llorando.

Las personas lloran. No porque son débiles, sino porque se han mantenido fuertes durante demasiado tiempo...

6/22/2014

Di adiós al príncipe azul y dile hola al sapo verde.

Estoy harta de los clichés. Cansada de las mentiras e idealizaciones. Hoy no quiero escuchar más sobre príncipes azules y chicos perfectos.

Hoy, señoras y señores, vengo a destruirles el mundo de fantasía en el que muchos —me incluyo—, hemos decidido vivir.

Queridas mujeres: no hay hombres perfectos. Dejen de esperar a ese dios griego de músculos gigantescos y cara esculpida que las haga suspirar con cumplidos y frases perfectas, porque, ¿sinceramente? Es pura mierda.

Ya sé, crudo, ¿no les parece? Y sin embargo tan cierto. Todas sabemos que es verdad y que los libros, películas y telenovelas nos han nublado tanto la mente y la vista que no podemos caer en cuenta de lo que es cierto. No existe persona perfecta, por lo que, ¿cómo un hombre lo va a ser? No hay un señor del sexo opuesto al que no le encontremos defectos. ¡Es simplemente imposible! La cosa es caer en la realidad y ver que hay chicos allá afuera que valen la pena. Que son lindos, dulces y aprecian a una mujer de verdad. ¿Guapos? ¡GENIAL! ¡Puntos extra! ¿Sonrisa encantadora? Ah, flechazo. Pero, ¿buen corazón? Eso es lo que conquista. Lo que importa: lo que realmente debemos buscar.

Deberíamos dejar de concentrarnos en cretinos con la excusa de que “los haremos cambiar”. Después de todo, ¿no se dice que el amor no le pide al otro que cambie, porque nos enamoramos tal como era? ¿No se nos recomiendo en revistas tipo Seventeen y Cosmopolitan que jamás nos transformemos por un hombre, porque debemos gustarle por quienes realmente somos? Y si nos convencemos tanto de ello, ¿por qué les pedimos a ellos lo contrario? ¿Qué dejen de ser quiénes han decidido ser para estar con nosotras? No hay tal cosa, eso siempre lleva al fracaso. Hay que aprender que, el que es correcto, lo será porque está destinado a ser así. No porque lo hayamos hecho cambiar, no porque se ejercitara para gustarnos más, sino porque… porque nos enamoró su verdadero yo.

La verdad es que —y me reitero—, no hay príncipes azules. Solo hay sapos. Sapos verdes y arrugados, cuyas imperfecciones son lo que los hacen atractivos y extrañamente adorados. Se enojan, van a dejarnos ir algunas veces, no nos van a perseguir al aeropuerto si queremos irnos del país. No esperen que recuerden todo: van a haber ocasiones en las que se les olvidará uno que otro aniversario y tal vez nos griten. Nos decepcionarán, nos avergonzarán, nos dirán que estamos locas y que no nos entienden.

Se irán.

Pero muchos harán lo que en las películas no se menciona. Algunos volverán cuando recapacitan. Demasiados hombres te consolarán mientras lloras sin razón. Sabemos que existen esos que van a la tienda a comprarte toallas por el simple hecho de que te aman. Están los caballerosos, los que te celarán, te adorarán como si no hubiese mañana. Existen, no están extinguidos, pero son los mismos que mencioné arriba. Esos que romperán tu corazón. Aquellos que no nos seguirán. Los que nos dejarán ir, pero luego volverán. Son lo que hay. No príncipes, no caballeros de brillante armadura…

Solo ellos y, ¿sinceramente? Tenemos que estar bien con eso. Dejar de decir que “todos son iguales” y por favor, detenernos ante la necesidad de afirmar que son idiotas y brutos. ¡Son hombres! ¡Son seres humanos! ¡Sienten, se confunden, se pelean consigo mismos! No nos entienden tanto como nosotras no los entendemos y aún así, contéstenme con la verdad…

¿Qué haríamos sin ellos? ¿Sin su valentía para matar arañas y sus brazos fuertes? ¿Sus cumplidos desprevenidos que nos hacen sonreír? ¿Qué sería del mundo sin estas personas que sabemos, nos hacen felices? Nada. Así que hoy vamos a dejar de fantasear tanto. Hoy caeremos en la realidad. ¡Hoy nos encargaremos de buscar en el interior de cada uno y darnos cuenta que…!

El verdadero príncipe no tiene que ser azul, sino tal vez verde, como el sapo que, con un beso, nunca se convirtió en alguien perfecto.


Creo que como chicas tenemos el cerebro tan lavado que realmente creemos que existe un príncipe encantador. No hay tal cosa como un chico perfecto, pero en el momento en que te enamoras de él, ahí es cuando se convierte en alguien perfecto. Y ese es nuestro "príncipe encantador"

6/05/2014

Te sostendré. Bailaré. Te besaré...

Déjame sostenerte hoy cómo se sostiene a un niño en brazos. Permíteme el placer de ver cómo te acurrucas en mis brazos, en plenos sueños desconocidos. ¿Me dejas tener esa intimidad contigo? ¿La posibilidad de vernos dormidos, como dos amantes que cansados, han caído? No te pido que hagamos nada, tampoco siento la necesidad de pasarnos de la raya, simplemente dame permiso para mantenerte segura y que así, cuando despiertes, lo primero que veas es los ojos de la persona que te ha amado desde oscuras.

Mañana, ¿será que me concedes una pieza de vals, en un pequeño cuarto solo, sin nadie más? No hay música: solo sonidos. Los pájaros nocturnos cantando y la luna, llorando por un hijo perdido. ¿Gustarías de escucharme cantarte melodías dedicadas a tu persona? Solo para ti, con mi voz rasposa. Puede que te seduzca el oído con mis tonalidades graves y melosas, pero sinceramente, quiero conquistarte como se conquista a una diosa.

La próxima semana, besaré tus labios. Sin tu permiso, no pensándolo. Poemas serán escritos a tu nombre con la anticipación del día, pero, ¿un beso? Eso pareciera ser la profecía que no quieres sea cumplida. Robado, tal vez, sé que lo deseas. No anticipado como Romeo y Julieta. Un roce, solo eso. Un amor naciendo y creciendo.

En esta vida, serás mía. Te amaré de tantas formas que, si me voy, quedarás perdida. No habrá persona que te haga tan feliz como yo: no existirá quién te haga sentir lo que mis dedos alcanzaron en ti. En esta vida, seremos un amor, dos cuerpos y un corazón. Hoy, mañana y la próxima semana, avanzarán caricias y miradas. Pero, querida mía, ¿las próximas décadas? Me pertenecerás. Y cuando muera, tu corazón estará tan sintonizado con el mío que nos sentiremos en tumbas, buscando manos que ya no se encontrarán y dedos que no se entrelazarán.

Amada, hoy te sostendré, mañana bailaré y la próxima semana, te besaré, sin embargo, en esta vida… Dios, en esta vida.

Yo te perteneceré.



PD: Psssst.. ¡PST! Lector, ¡aquí abajo! Sí, hola :3 ¡Solo me pasaba a recordarles a aquellos que no se han podido pasar por el relato del concurso, a que por favor lo visiten: AQUÍ! Y a darles las gracias a todos los que se pasaron y comentaron y ains, asljda<3 A los que siempre me comentan y están ahí^^ (ustedes saben quiénes son, chicas jaja. Digo chicas porque son chicas(?)). ¡Ahorita no pude pasarme por sus blogs, pero mañana prometo hacerlo, así que espérenme jaja :D! ¡Tengan un hermoso viernes y fin de semana! ¡Los adoro, alquimistas! 

5/24/2014

¡Mis lectores leerán esto porque aman la locura :D! Oh sí (ayuda(?)

¡Hoooooooooooooola hola mis AMADOS, hermosos y PACHONCHITOS alquimistas! Nótese que dije pachonchitos, por lo que no, no les estoy diciendo gordos, es mi forma de decirlos que son totalmente abrazables. ¿Cómo se encuentran en este sáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaabadoooooooooooooooooooooooo? ¿Listos para salir de FIESTA toda la semana? *imagínenme haciendo un intento de baile* ¿SÍ? ¿SÍ!? Pues yo no._., porque tengo 3 quices el lunes y una mega tarea de química :D Yay *todos celebren conmigo, por favor*. Pero bueh, ¿qué le vamos a hacer no? Solo pensar positivos y al menos alegrarnos de que podemos levantarnos TARDE<3 (Mjm, de lunes a lunes paso soñando con levantarme tarde y cuando pasa, soy feliz) En fin, sé que se están preguntando qué rayos hacen leyendo esto cuando específicmanete dije que lo leyeran y ahora no digo nada coherente(?), pero ya casi voy al grano :D

Es más, ¡vamos de una vez! Explotemos el grano(???) (puaj, no, mejor no D: Déjenlo así, bonito) La verdad es que vengo a pedirles ayuda *chan chan chaaaaaaaaaaaan*. O algo así jaja^^ Verán, ¿recuerdan que les había hablado de un concurso al que les invitaba a entrar, llamado "Concurso Abracadabrantes" y en el cual yo participé? Bueh, ¡pues resulta que quedé entre las 10 finalistas!


Lo sé, ¿no es genial^^? Y bueno, sin alargarme mucho (porque normalmente lo hago y sé que los hago hasta dar vueltas del enredo que les hago), resulta que la creadora iba a elegir al ganador, pero los relatos eran tan buenos que no pudo detenerse a elegir uno de 10 O.O Así que finalmente decidió que publicaría nuestros relatos en su blog y que, el que más tuviese comentarios positivos, tendría ventajas en su decisión (porque finalmente ella decide). La cosa es que, por esto, necesito su ayuda, PERO OJO: no estoy pidiendo nada forzado. Les estoy invitando a pasarse por mi relato, que es haciendo clic AQUÍ y leerlo y si les gusta, pues que comenten en el blog de ella con lo que les gustó y demás, pero sino les gusta, no tienen que hacerlo. Creo que una de las reglas es que se lea el relato y pongan lo que les pareció, así que no cuenta ir y poner "Le doy mi voto" jajaja. Además, también les invito a pasarse por otros relatos, ya que, aunque puede que no les guste el mío, a lo mejor les gusta otro. Es todo su decisión^^


En fin, en serio espero que se tomen su tiempito de ir y leerlo :D Es un poco largo, pero creo que la lectura no se hace pesada. Aunque con toda esta habladuría, la que se hace pesada soy yo D: ¡BAJEMOS LA PESADEZ CON UNA IMAGEN DIVERTIDA! (eso sonó como un mal anuncio de medicina para el estómago o algo así)

Cuando alguien atractivo pasa cerca de ti...

JAJAJAJA amo a ese gato (y no es como que yo haya pasado por eso... jaja... ja ._.) Sé que los hice reír con eso último xD (Tal vez no, déjenme vivir feliz(?)

Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen fin. Muchísimas gracias por leerme y siempre estar allí, mis alquimistas<3 Los adoro :3

Leeeeeeeees mando besos y apapachos GIGANTES<3
Mel(:


5/14/2014

Ayúdame a olvidar, alcohol...

Ayúdame a olvidar, alcohol. Llévame a paraísos donde mi mente ya no posee el control sobre mi cuerpo. ¿Hacemos un trato? ¿Nos unimos en una danza donde tú das un paso adelante, mientras yo tropiezo hacia atrás? Suena tentador, casi… delicioso. Es como si te deseara en la manera en que no debería, pero eso solo lo hace mejor. Vamos, bebida, ven aquí, a mis labios y déjate besar. Un trago: solo eso. Un sorbo del elixir del olvido. Consigamos amarnos como no logro hacerlo conmigo misma. Eres mi amigo ahora, tráeme de vuelta a momentos donde era feliz. Donde tú no pasabas ni por mis pensamientos y mi cabeza era tan clara que hasta las nubes se asomaban una vez perdida. ¿Me llevas? ¿Me devuelves en el tiempo? ¿O eres tan egoísta que no harás ni un poco de efecto en mi sistema, porque hemos llegado a un límite donde ni siquiera tú funcionas? Anhelo el dolor de cabeza de la mañana siguiente para no tener que rememorar lo que es mi vida. Para concentrarme en sanarlo. Lo deseo, lo quiero ya y sin embargo, algo está cambiando.

Alcohol, ¿qué estás haciéndome? Una adicta acabarás creando. Eres tan bello con tus curvas llenas de entumecimiento que me atraes, tal cual flor llama a su abeja. Me prometiste ser feliz, susurrándome en las noches las maneras en que podrías llevarme al paraíso, pero tienes una trampa, ah, una muy maldita: solo lo cumples durante horas, para luego golpearme contra una pared y mandarme en seco contra la realidad.

¿Tienes sentido, tequila? ¿Cuándo te conocí, margarita? Ya olvidé tu nombre, whisky. Estoy haciendo mi mejor esfuerzo por separarme de ustedes, aún cuando me agarren del brazo con amor, gritándome porque no desean que los deje ir. Ojalá no tuviese que separarme, pero… ¿Dónde caeré si no lo hago?

Somos un amor extraño, bebidas. Nos queremos de formas que no son sanas. Me destruyes, pero yo te anhelo. Bromeas, cuando soy serio. Lloras si deseo sonreír. Somos tan contradictorios que terminamos convirtiéndonos en drogas: mundos que jamás pensamos ver y sin embargo, ahora conocemos bien. Alejémonos, porque otros te tomaran a cómo yo no pude controlarme desde aquella noche en el bar.

Adiós, alcohol. Hoy te estoy dejando. Extráñame, así como yo te extraño y no ataques tantas víctimas con tu excusa del olvido, porque he aprendido que las distracciones no hicieron nada por mis sentidos. Mejoraré con ganas y cuando vuelvas sabrás que mi futuro ya no está en llamas. Hasta nunca, querido amigo y espero que cuando nos volvamos a encontrar…


Tú no estés en la mano de otro jovencito.

No basado en experiencias personales

5/06/2014

El lector que me enamoró...

Me encanta observarte, ¿sabías? Amo ver la forma en que tus ojos se iluminan cuando alcanzas una librería y hay nuevos libros para ti. Me fascina la manera en que tu mirada recorre las páginas de una simple y bella novela, para devorarla en cuestión de días. Ah, es hipnotizante ver cómo te sientas en cualquier lugar y te sumerges en una piscina llena de palabras apasionadas, junto con olores que solo tú comprendes. Me entiendes. Te analizo profundamente cuando menos lo esperas y es ahí cuando sé que te amo, no como un hombre ama a una mujer, sino más bien a cómo un escritor ama a un lector.

Me enamoras, lector, aún cuando no te conozco frente a frente. Me hechizas, querido, porque hay algo íntimo en que leas mis textos y entiendas lo que lloré y expresé en ellos. Yo desato mis manos para escribirte lo que pienso: lo que creo del ayer, ahora y el mañana y solo me queda esperar —anhelar—, que compartas las ideas que salen de mi atolondrada y dulce cabeza y las devores, así como un cliente come lo que le chef creó para él. Tú eres mis páginas, aquellas en las que escribo para complacerme, pero que tragan mi tinta como droga. Ah, posees la habilidad de ser el agua que necesitan mis historias para sobrevivir en un desierto donde ya no hay esperanza. Tienes esa característica que me hace creer en lo imposible, en los sueños que ahora son metas y las fantasías que poco a poco se vuelven realidades. Eres, lector, parte de mi vida y es por ello que aprendí a amarte. Me enseñaste a quererte. Me dejaste admirarte.

Hoy te miro de nuevo y no me canso de hacerlo. La sencillez de tus labios curvándose ante cada palabra absorbida, tu cuerpo moldeándose a un asiento que se asemeja al paraíso por la historia en la que estás metida, tus piernas enroscándose por la comodidad escondida... Eso me hizo caer. Tú lograste que me enamorara, sin haberte conocido ni una vez y es así como espero morir, con la idea de que fui amada de una manera inimaginable, única, por personas que no vi. Querida por hacer lo que adoro, identificándonos unos con otros por nuestros pensamientos derramados en hojas sin fin. Admirada por el hecho de que nos conectamos extrañamente, sin la necesidad de una conexión de internet y en paz, porque logré el objetivo de mí nacer.

Lector, te doy las gracias, porque me permites entrar en tu alma. Derrumbas barreras para dejar que te invada. No sabes lo especial que se siente saber cómo penetran mis palabras y debes tener en cuenta que siempre estarás en mi mente cuando comienzo a escribir. Nunca cambies a pesar de lo que otros opinen, te lo pido, pues aunque lo hagas, siempre te recordaré…

Como el lector que enamoró mi alma.


4/02/2014

Dolor, te extraño.

Era una tarde lluviosa el día en que conocí al Dolor. Se presentó ante mí con un traje negro, pulcramente plisado. Sus manos eran largas y bellas, pero tenían cicatrices que me recordaban al sufrimiento, a la agonía, a él.
Era alto, debo confesar. Su cabello negro resaltaba en la oscuridad de mi habitación —si es que eso es posible—, y sus ojos azules me atraparon al instante, no por su color, sino por la profundidad y tristeza que había detrás de ellos. ¿Qué logró dejar un alma tan melancólica? ¿Cuál era la razón para tener tanta desesperación en su forma de observar? Intrigada, me acerqué hacia su persona, sin saber —sin imaginar—, que a lo único a lo que me dirigía era al temor, a la distancia, a lo inevitable.
Sobra decir que me enamoré de él, de su voz y sus escasas risas. De las historias que me contaba día a día. Susurraba a mi oído que me amaba y que era mi escape. Me enredaba en redes que no sabía que existían. Observé lentamente cómo su mirar se transformó en amor y cómo el mío propio, estuvo rayando la obsesión. Dolor, ah, cómo te amé y confieso que aún trato de olvidarte, como te prometí que lo haría. Sigo anhelando nuestras tardes de lluvia, en la que nos encontrábamos clandestinamente. Mi corazón arde al memorizar tu suave toque sobre mi áspera piel. Lloro cómo las nubes lloraban el día en que nos conocimos, sollozo en aguas que no parecemos conocer. Pero todo está bien, mi querido Dolor, porque como te dije aquel día, ni tú ni yo nos hacemos el bien y por más que nos duela, debemos dejarnos ir, aún si nos ahogamos en sufrimiento.
¿Cómo estás, Dolor?  Me preocupo por ti. Esta retorcida relación no funciona ni para ti ni para mí. Escríbeme, háblame, muéstrame que estás cuerdo, pero recuerda no tocarme nunca jamás, porque ambos sabemos a dónde conllevara.
Anhelo el frío que me traías, esa fina cuchilla que me consoló durante noches. Sabes lo mucho que significaste, pero el daño que causaste: eras la mancha que tapaba mi luz, esa sombra que me cegó y, sin embargo, eras mi vicio, mi obsesión. Nos amamos de una manera no convencional, pero te juro que fue tan sincero que me llegó a asustar.
Supongo que debí haber adivinado lo que causarías en mí desde que me dijiste tu nombre. “Dolor me llamo, a tus servicios estoy”, sin embargo, ¿cómo concentrarme en eso, si fue tu voz la que me cautivó y tus cantos, aquellos que me llevaron a la perdición? Sí, Dolor, esto es tu culpa, el sufrimiento que ambos pasamos, fue gracias a ti, pues bien sabes que yo no te busqué, sino que me encontraste solo, acechando.
Dolor, te extraño, te deseo, pero me siento olvidarte. Aún tengo tus cicatrices: esas que me hiciste para que fuera bella como tú. Dolor, lo siento, pero debo dejarte. Ya no escribiré cartas a tu nombre, no me comunicaré más, sin embargo quiero que guardes en tu corazón la curita que me encargué de colocar. No cubro mis marcas, son lo que me recuerda a mi superación por ti, pero por ello espero que tú no arranques la bandita que puse con tanto amor sobre tu pecho aquel día. Te amo, Dolor, aunque dejaré que te lleve el viento a otra casa cercana, que te recibirá con los brazos abiertos. Solo te pido un favor: no la ames tanto y tampoco te obsesiones con su suave piel. Déjala pulcra, pues tal vez no se merece tu cariño y recuerda que solo a mí me debes memorizar.

Hasta luego, Dolor, te veré más tarde, cuando la lluvia vuelva a caer y la oscuridad me encuentre. Esperemos no sea pronto, pidamos porque sigas tu camino y yo el mío, pero gracias por haber sido mi compañero durante tantos años, porque me enseñaste las lecciones que jamás pensé aprendería contigo.

*Relato no basado en experiencias personales.
*Disculpen que no me haya pasado a blogs, pero pronto lo haré D: ¡Siempre los tengo presentes!

3/15/2014

4 tiempos de la vida.

Las personas conocemos 3 tiempos que se nos han enseñado desde que estamos en una pancita. Nos inculcan como pequeños que solo hay 3 tiempos y que son los más simples del universo, pero hoy yo vengo a desmentir eso, ¡vengo a crear fulgor! Porque alguien me abrió los ojos el otro día y me dijo lo que necesitaba escuchar, para entrar en razón.

Hay 4 tiempos en la vida…

Tiempo pasado: fui, hice.

Tiempo presente: soy, hago.

Tiempo futuro: seré, haré.
Tiempo tonto: hubiese sido, hubiese hecho.

Sé lo que están pensando: oh no, ese fragmento tiene razón. Ni siquiera intenten negarlo —lo mismo sentí yo—, al leer palabras tan ciertas, escritas en una pantalla de computador. ¿Cómo es que estuve tan ciega, dándole vueltas a todo? Creaba un futuro incierto, llenándome de miedo. Las noches me atormentaban, señoras y señores, cuando mi mente se desviaba a mis sueños, de esos de los cuales tanto les hablo a ustedes, ¡que deben tenerlos! ¿Recuerdan cómo les he dicho que persigan lo que desean? ¿Qué si quieren ser astronautas, se esfuercen y lo sean? Pues espero que lo hayan aplicado a cómo yo no lo hice, porque mi mente se apoderó tanto de mi corazón, que olvidé lo que alguna vez escribí con toda mi alma en el teclado de una máquina de computador. Por primera vez en mi vida, tuve miedo al soñar, no porque no lo quisiese, sino porque me estoy dando cuenta de que cada vez, podría ser más real.

Ya mis anhelos no son deseos: son metas. Esas desveladas pensando en dejar huella, finalmente serán ciertas. ¡Me he decidido, lucharé por mis sueños, con tantas uñas y garras que te dejaré por los suelos! Y sonaré egocéntrica, loca, revuelta, pero prometo que algún día ustedes verán mi nombre en la portada de un libro. No cualquiera: uno bueno y se quedarán de piedra, se enorgullecerán de mí, no por tener un libro, sino por lo que conseguí. He comenzado a perseguir realmente mis sueños y les digo que no hay mejor sensación que la libertad que estoy sintiendo…

Pero si yo les prometo esto, quiero que ustedes hagan lo mismo: demuéstrenle al mundo que lo imposible es para vagabundos. ¡Grítenle al universo lo mucho que desean las cosas! Pero enséñenle poco a poco, que trabajarán para ganarlas todas. No sean negativos: no digan que no pueden, pues el “no” es la palabra que corta en pedazos a tu imaginación y mente. Creo en cada uno de ustedes, porque veo la pasión en sus palabras y si se fallan, levántense y caigan. Hazlo varias veces: eso no importa, porque al final del día, contará que siguieras caminando. No piensen que todo será fácil, pues será totalmente complicado. Habrá tantas decepciones que querremos dejarlo botado. Sin embargo, cuando llegues al éxito estarás tan satisfecho, que sabrás que el polvo que comiste una vez, valió la pena del oro que saboreas a tus pies.

Por favor, no ignoren a la voz en sus cabezas que les grita que vayan a por ella. Que ruega porque intenten aunque sea, ¡escúchenla, es importante, porque es la que se encargará de reclamarle en muchos años, cuando veas al pasado! No seas de esos que se preguntan “¿qué habría pasado si…?”, sino que pasa a ser aquel que dice “yo cumplí”. Enorgullézcanse a sí mismos, gánense su propio respeto y háganle saber al universo, que están listos para todo lo que venga con ello. Porque vivir no es solo irse de fiesta: vivir es llegar a la muerte y ser capaz de sonreír, porque cumpliste todas esas cosas que soñaste al pie de tu cama.  Vivir es haberte esforzado. Vivir es haberte liberado. Porque vivir… 


Vivir es soñar tu futuro anhelado y construirlo paso a paso.

Es un poco divertido... el intentar lo imposible. 

PD: Siento no haberme pasado por 1 semana al blogger, mis amados seguidores D: Los exámenes me mataron, pero ya volví e iré comentando en sus blogs :D Muchas gracias por siempre estar ahí<3 Y sí, es basado en mí el texto, esta vez sí jaja.

2/26/2014

Fallé, caí, rodé y me ensucié...

Lo admito, ¿sabes? Finalmente, admito que me equivoqué. Tras noches en vela en las que mi mente daba vueltas pensando en que estaba con la razón, caí en cuenta de que tú supiste más que yo: ganaste la pelea que tanto batalló mi corazón. Hoy, te confieso casi gritando que era verdad, que no estabas hablándome sin saber charlar. Te doy la bandera blanca, que tanto deseaste amar.

Yo erré.

Fallé, porque tomé tu mano al caminar.

Caí, ya que sonreía cuando cruzábamos miradas…

Rodé, pues te abracé pensando que me amabas.

Me ensucié, cayendo ante tus palabras.

Y casi no me levanté, recordando los besos que en algún momento me dabas.

Pero, ¿adivina qué? No me molesta que hayas vencido. En este caso, hasta te agradezco que pelearas conmigo. Rio al saber que abrí los ojos y pude ver las mentiras que me cubrían con enojo. Es bueno saber lo tonta que fui: la manera en que el amor me convirtió en una idiota a mí y, finalmente poder comprender, aquellas personas que decían lo mucho que esto debe de doler. Ya no me importa si piensas que jugaste conmigo. Me podría valer más, que te burles con tus amigos. Me resbala en el hombro la suficiencia que me transmites, porque solo me demuestras lo que otros dicen. No valías la pena cuando me lo advirtieron, y tampoco la valiste cuando tropecé y reíste. Sin embargo, eso ya no nos importa, porque somos fuertes como guerreras en Troya. Hoy, recordarás mi nombre día tras día, observando qué fue lo que te hizo cambiar con esta chica. Porque llegó el momento de la verdad, es aquí de donde no escaparas. Ni siquiera lo intentes, porque al fin verás…


Lo que es una joven, que te enseñó a perdonar.

Lo siento, lo siento tanto.

*No es basado en hechos reales*


 

2/14/2014

Mi querido San Valentín...

Ha pasado un tiempo ya desde que te fuiste, no sé si lo notaste como yo lo hice. Tu cuerpo abandonó el alma que me hizo sentir el amor. Ha desaparecido aquella calidez en tus ojos, que prometías que jamás huyó y, el corazón que tanto latió, finalmente se desvaneció.

Hay veces que me gustaría verte: hacerte sonreír como en el ayer, pero luego me arrepiento de quererte y me odio otra vez. Y es que aún recuerdo ese día, el 14 de febrero que me diste, sin embargo te ocupaste de opacarlo con un rencor bastante triste. Fue una mañana soleada, llena de globos y corazones. Un día en el que fui atiborrada por chocolates y muchas flores. Fueron 12 horas llenas de alegría, con peluches, besos, abrazos y mis sonrisas. Sin embargo, la verdad nunca se mantiene oculta y como un niño impaciente se queja, pidiendo ser atendida.

¿Cómo es que me dejaste ese día, un 14 de febrero? ¿Acaso te importaba tan poco lo que sentía, para matarme a besos traicioneros? ¡No tenías el derecho de romper un corazón, que hasta ese momento estaba lleno de cicatrices! No había un decreto que dijese que podías dejarlo como lo hiciste: sangrando y muchas veces, agonizando. Llegando a la muerte en un espacio indeterminado.

Me dijeron que podría superarte y no se equivocaron: fue difícil hacerlo, pero pude entenderlo. Y tal vez soy egoísta, acepto eso, porque no puedo decirte que no te dolió dejarme ir a cómo a mí me dolió que me dijeras “hasta luego”. Vi la agonía en tus ojos: la tormenta detrás de ellos y sin embargo, me fue imposible averiguarlo en ese momento. Te amé como un segundo se aferra a un minuto, al igual que las flores se alimentan del agua. Te adoré tanto que me quedé casi drenada y tuve que ser recargada poco a poco, días y semanas. Soy como un control, que al parecer dejaste sin baterías y que necesitó comprarlas sola, sin ninguna ayuda. Pero eso no importa, yo hoy estoy bien y quería que supieses que espero que tú lo estés. Sigues siendo mi San Valentín: aquel que jamás olvidaré. Y hasta hoy te recuerdo con una sonrisa, porque así tiene que ser. Y me disculpo por mis lágrimas, porque sé que llegué a hacerte mal, pero lo único que te pido es que te disculpes también, por lograr hacerme quebrar.

A lo mejor no lo hagas: eres muy orgulloso y aun así quiero que sepas que te perdono. Este 14 de febrero mi corazón sigue latiendo, fuerte y atento. Tal vez ya no me recuerdas, seguramente ni paso por tu mente, pero quiero que sepas que…

Aún te recuerdo como mi San Valentín, aquel de sonrisa fuerte.

Tuya por siempre,

Tu Valentín. 

Mi cabeza dice: ¿A quién le importa? Pero entonces mi corazón susurra: "A ti, estúpido".

*No es basado en experiencias personales.
*Espero hayan tenido un hermoso día de San Valentín.

1/29/2014

Querido tú...

Quisiera verte llorar. No, querer es poco: deseo que lo hagas. Me fascinaría tener la oportunidad de observar una sola lágrima rodando por tu rostro, de que me mostrases que te duele a ti también.
¿Sabes qué? Yo entiendo. Lo entiendo bien. Sé qué es guardar dolor tras otro en tu cuerpo, sin dejarlo salir. Estoy consciente de la sensación de estar atrapada en un alma que no puede desatarse frente a alguien. He sentido en mis huesos el fuego que invade al corazón cuando se quiebra en pedazos, partiéndose uno a uno. Lo he vivido. Me lo he inculcado.
Te confieso que he pasado noche tras noche repitiéndome a mí misma “no llores por esto. Es inútil hacerlo. ¿Cuántas personas con razones MUCHO MÁS fuertes están en pie, sin derramar una gota? Y tú estás aquí, llorando tras una charla desastrosa”. No mentiría si  te dijese que me he forzado millones de veces a NO soltar ni una lágrima. Sinceramente, odio hacerlo frente a alguien: me hace sentir vulnerable, débil… Idiota. Y es por ello que cada vez corro a un baño, me escondo en mis regazos y grito a un desconocido, al que llamo oscuridad. Pero… Rompí mis reglas por ti.
¿¡Dime si no te grité!? ¿Acaso es falso que lloré, al punto de no tener voz? ¡No puedes alegar que no te mostré todo lo que sentía, cuando terminaste de hablar! Te quedaste sin argumentos en mi contra, como un abogado que pierde un caso. Y sin embargo, sabiendo todo esto, me dejaste allí: sola, desnuda interiormente, porque tus sentimientos se desvanecieron ya hace un tiempo inminente.
No quiero que pienses que creo que llorar muestra todas tus emociones, no. Tampoco digas que amaría que derramases lágrimas días y noches, jamás. Lo único que me hubiese complacido hubiese sido que arrancaras esa máscara por unos segundos, esa faceta de frialdad que siempre estuvo ahí para marcharte con un poco de dignidad. Para hacerme ver, que en algún segundo, te importé.
Es por ello que desearía que hubieses llorado. Por esto te digo que me encantaría haberte visto derrumbado. ¡Y es verdad, sueno malditamente egoísta! ¡Estoy escuchándome como una loca sadomasoquista! Pero, ¿qué quieres que haga, si me llevaste a este punto? ¿Qué planeas que grite, si me dejaste sin voz? ¿Cómo deseas que no corra, si tú me enseñaste a hacerlo? ¿Y en qué forma me pides que me quite la máscara, cuando el que me ayudó a colocármela, fuiste tú en primera instancia? No tienes derecho a volver. Ya no hay manera en que te deje venir. Sinceramente, para de buscar, porque ya no existe la chica que alguna vez dejaste sola sin pensar. Hoy está otra, la que tú no construiste. Acá se encuentra la nueva, que sonríe sin parar. Estás viendo a una joven, que no teme mostrar lo que siente.
Observas a la muchacha, que finalmente es real.
No llores, no llores. ¡Mierda, no llores! 

1/23/2014

5 puertas del destino. ¿Cómo son las tuyas?

Primer acto: una chica de 15 años fue colocada en un pasillo lleno de 5 puertas. Cada una de ellas enumerada respectivamente, con una frase extraña en otro idioma adornándolas. Todas se encontraban cerradas, siendo únicamente abiertas por el tacto de la joven. 

Segundo acto: La confundida muchacha avanzó con cuidado hacia la primera puerta, sin saber lo que sucedía. Lo último que recordaba fue cuando abrió sus grandes ojos y observó a su madre sentada, sonriéndole; sin embargo ahora estaba sola, sin nadie a quien admirar. Con pasos indecisos fue hasta la primera puerta, con un 1 sobre sí. La miró por mucho tiempo, con el tic-tac de un reloj en su cabeza indicándole cuánto debía esperar. Los segundos se avecinaban en sus orejas como pequeños zumbidos y las horas eran infinitas en aquel lugar. Finalmente la abrió y cuando entró, divisó todo lo que alguna vez anheló: su niñez, los juguetes, a sus padres riendo. Hamacas en el parque y toboganes de colores, insistiendo que viniera. Fue allí cuando cayó en cuenta de que había empequeñecido y que volvía a ser esa chica de 3 años, con lindos vestidos. Corrió como si no hubiese mañana y abrazó a su papá, para luego irse corriendo a jugar con sus hermanos al escondite en el bosque. Contaban todos números hasta dónde los sabían y ella se escondió detrás de un gran árbol, que la tapaba de los demás. Se reía tan fuerte que en cualquier momento la descubrirían, pero por ese instante, ella recordó lo que era la felicidad. 

Tercer acto: La joven es traída de vuelta a la "realidad" (o en donde sea que se encuentre), donde se golpea contra al piso al ser tirada y expulsada de la puerta. Oye cómo se cierra, pero desea volver con tantas ganas que corre hasta el rectángulo de mármol e intenta abrir, sin éxito alguno. Resignada y con un dolor en el pecho que no supo que estaba allí, pasó a la segunda puerta, arrastrando los pies contra las baldosas en un intento desesperado de no llegar. Se preguntó si podría simplemente quedarse sentada, sin abrir nada y esperar a que alguien la salvara de la soledad, pero llegó a la conclusión de que si no salía por sí misma de allí, nunca lo haría. 

El picaporte dorado se burlaba con su resplandor de ella, sonriéndole con lo que imaginó podría solo ser malicia. Tragando fuertemente se atrevió a girar la manija, temblando, como si pudiese ver lo que se avecinaba. Pronto fue tragada por una neblina extraña y profunda, donde no se veía más que una bruma llena de un olor clínico. Un hedor que sabía, había llegado a repudiar. Una cama de hospital apareció de la nada, con un hombre alto acostado y con sus dos ojos cerrados. La muchacha sintió un vacío dentro de sí y ahora observó que tenía 8 años y sus brazos se habían engordado. Suavemente se deslizó con silencio hacia el mueble, mordiendo sus labios con gran nerviosismo. Confirmando lo que pensaba, pudo ver que aquel señor que veía era su propio padre, aquel con el cual tanto soñó en abrazar. 

Con lágrimas en los ojos, sonrió y lo abrazó con furia, escalando en la cama para estar a su lado. Lo zarandeó tanto como pudo y tocó su rostro como si fuese a memorizarlo, pero su corazón se congeló al ver que él estaba frío y que ya no había un latido detrás de su piel. El pecho en el que antes apoyaba su cabeza era como una jaula sin su pajarito, cantando melodías en él. Un sollozo se escapó de su garganta, gritando que volviera, que por favor no se fuese otra vez, pero fue allí donde la vida decidió que ella debía irse y volver al pasillo para avanzar en él. 

La habitación quedó a oscuras. La litera desapareció. Su padre fue llevado por las sombras y, desgraciadamente, la luz se apagó.

Cuarto acto: Misma altura, mismo cuerpo. La adolescente estaba de nuevo en aquel lugar extraño, tal y cómo llegó. Su vista se veía empañada por el dolor de haber derramado tantas lágrimas y sus ojos estaban rojizos, al igual que una manzana colgando de un árbol. Se preguntó por qué esta vez había caído justo en frente de la tercera puerta, como si no existiera escapatoria, pero finalmente lo dejó pasar, ya resignada de saber lo que podría venir. No tuvo ni que tocar el picaporte, pues un viento extraño la abrió, invitándola a pasar así como la muerte tienta a la vida para que se arriesgue una vez más. Sus pies se movieron solos, casi ni lo sintió y fue ahí cuando se dio cuenta de que su rostro se sentía diferente, con granos en él, y que sus piernas estaban hinchadas, junto con un cabello más graso. Hizo una mueca: pubertad, sus peores recuerdos estaban en esa etapa. 

Algo metálico se formó ante ella, con rendijas acompañándolo. El frío que sintió al verlo la petrificó donde estaba, apoyándose contra él. Un casillero: lo único que le faltaba. El comienzo del colegio no era algo que deseaba recordar, mucho menos la época en la que creía estar. 

Un susurro pasó por su oído, haciendo que se volteara. Una chica de ojos azules y sonrisa amable la observaba, esperándola para irse a clases juntas. Inmediatamente se relajó: su mejor amiga. La única que la hacía sobrevivir a ese infierno de instituto. Se sintió nuevamente alegre y llena de energía, olvidándose de su aspecto o cómo se sentía acerca de eso. Con rapidez guardó sus libros y se apresuró a irse con la chica, quien la tomó por el brazo, como si pudiesen perderse si no fuese así. Tararearon canciones en el camino, como dos niñas que no tenían preocupaciones y, de nuevo, pudo memorizar lo que la felicidad era: lo mucho que la dejó pasar. 

En unos segundos, un grupo de lindas muchachas se acercaron a ellas, con toda su atención sobre su amiga. Apretó su agarre en la joven, como si así pudiese retenerla. Charlaron un rato, dejándola siempre aparte y dándole miradas que solo podían transmitirse como "das asco" en sus caras. La otra no parecía notarlo; estaba cegada por la popularidad. Lentamente, casi en cámara lenta, se vio a sí misma siendo apartada de su mejor amiga, quien se vio atraída hacia las otras, dejándola sola. En segundos, ya no era la "puberta" alegre, era simplemente una chica que había sido abandonada otra vez, ahora con personas susurrando en su rostro e insultándola sin parar. 

Sus sonrisas disminuyeron, su dulzura fue minimizada y, su inocencia fue acabada en el transcurso de esa puerta. De esa maldita, pero real puerta. 

Quinto acto: La muchacha voló hasta el centro de la habitación, pues casi fue echada a patadas del escenario. Su boca formó un puchero y rodó los ojos, siendo consciente del dolor en su trasero tras el golpe que esa salida le había dado. Descubrió con cierta tristeza que ya se sentía un poco más amarga, como si estuviese volviendo a ser ella misma. Desde que había llegado a ese lugar se había sentido diferente, igual a una niña tras una nueva aventura, sin embargo, conforme las puertas pasaban y atravesaba las fases de lo que se consideraba "su vida" todo iba haciéndose más real, más a como ella recordaba que siempre fue. 

El desdén y la curiosidad la llevaron a la cuarta puerta, pues realmente no estaba muy segura de qué sucedería allí. Con calma y sin temor se acercó y apreció el picaporte, sintiéndolo tras sus dedos. Sonrío. Si esto era un sueño, era uno bastante cruel e idiota, pero muy interesante. Además, no le sucedería nada de ser así, ¿verdad? Porque nada era cierto: podía volar, caerse y saltar. Como era su sueño, nada le pasaría, todo era posible. Confiada abrió y se metió dentro de la habitación, esperando algo: la neblina, el frío, cosas extrañas. Pero nada sucedió, todo simplemente apareció frente a sus ojos como si estuviese despertándose y lo primero que veía fuese el sol, solo que en este caso era su colegio de nuevo, sentada con un muchacho de cabello negro y ojos azules. 

Inmediatamente lo reconoció: era su mejor amigo de la infancia, con quien se había reencontrado cuando tenía 13, poco después de que su "amiga" la dejara. Se pusieron al día rápidamente aquellos días, haciéndose cercanos casi instantáneamente y salvándola de la soledad. El chico había mejorado en apariencia si lo veía desde su perspectiva, porque pasó de ser un niño alto y flacucho a uno guapo y esbelto. Él le sonreía a su otra yo, con los ojos brillando. Captó hasta ese momento que este escenario era diferente a los otros: ella estaba viendo todo, pero no lo sentía. No lo volvía a vivir. 

Su corazón dio un salto cuando volvió a divisar su sonrisa, haciéndola sonreír también. Era una luz en sus días más oscuros. Pudo ver cómo ambos se estaban acercando peligrosamente cerca, hasta que otro joven vino, sacándola de él. Su pelo café se le hizo conocido y su rostro también, pero no sintió nada al observarlo: ni una pizca de emoción. 

Frunció el ceño, sin entender nada. ¿Por qué rayos estaba dejando a su amigo y yéndose con el otro? ¿Y por qué no recordaba lo que había pasado? Tenía que ver qué sucedería, no podía quedarse con la duda. 

Siguió a la pareja desde lejos, pasando por una sucesión extraña de imágenes coloridas. Pronto, se vio con el muchacho dentro de un carro, besándose. Sacudió su cabeza, para asegurarse de que veía bien: ¿ese era su novio? ¡No podía ser! ¿Cómo estaba dejando que le metiese la mano así? ¡Jamás lo haría!

De pronto se relajó. Ah, ahí estaba, luchando por quitárselo de encima. Casi muere de la emoción: sabía que era más inteligente que eso. El joven la miró aturdido, sin comprender por qué se iba enojada del auto y la siguió, discutiendo con ella. Pronto, entraron en una discusión y pudo escuchar los insultos que salían de "su novio". Gorda, fea, mojigata. Todo para hacerla sentir peor. Se cobijó en sus brazos tal como su otra yo lo hacía, protegiéndose contra los defectos que siempre le habían remarcado. Continúo caminando hasta el que suponía era su hogar, con él detrás. Fue allí cuando la alcanzó y la hizo verle, causando ira en ella. Respondió con furia y así fue cómo él la abofeteó, dejándola pasmada. 

Se vieron a los ojos unos segundos, ambos anonadados y no perdió tiempo, corriendo hasta su casa. Cerró la puerta con tanta fuerza que todo retumbó y se dio cuenta de que, otra vez, estaba sola. Con un nudo en la garganta se observó a sí misma subiendo las escaleras de dos en dos hasta llegar al baño, encontrándose frente a frente con el espejo. El desprecio que vio en su propia mirada la asustó, el odio en la manera en que se sacó la blusa de manga larga y dejó sus brazos al descubierto, llenos de marcas. 

Pasmada, revisó sus brazos, dándose cuenta de la verdad: tenía cortes profundos, provocados por un cuchillo bastante filoso. Había viejos, nuevos, todos con la misma característica: ira. Y fue así como recordó, qué era lo que iba a pasar después. 

Quiso correr de allí, no quería ver más. Finalmente podía observar lo que tenía que suceder. Gritó que la dejaran irse, que había entendido el mensaje, pero la hicieron quedarse, mirando la forma en que ella abría una caja con medicamentos y colocaba miles de pastillas en su boca, temblando en el proceso. Las lágrimas que recorrían sus mejillas demostraban los miles de sentimientos en la que su vida se definía y así, lentamente vio cómo trago cada pequeña pastilla, lista para irse. Para dejar la vida. 

Último acto: la joven salió caminando de la puerta esta vez, sin ser expulsada o echada a patadas. El nudo en su garganta era inmenso y el miedo que la corroía también. Así que esto era la muerte: un vistazo a lo que fue tu vida. Miró a su alrededor y vio la quinta puerta, lista para ir hacia ella, sabiendo lo que seguramente venía: el cielo o el infierno. Sabía que lo más probable era que fuese al infierno: después de todo se había suicidado, pero eso no quitaba el terror de sus venas. Con tristeza se dirigió hasta la última puerta, negra como una araña. El 6 brillaba en ella y se detuvo, confundida. ¿No decía 5? ¿Y no estaba del otro lado del pasillo?

Volteó a ver hacia la izquierda, confundida. Ahora había 2 puerta, la sexta era nueva. No entendía qué pasaba, porque habían cambiado de lugar. Cuando entrecerró los ojos y observó bien, se dio cuenta de que podía entender la frase en ambas maderas. La número 5 decía: Difícil. La número 6: Fácil. 

Su cabeza volaba entre una y la otra, sin saber qué debía hacer, sin embargo, sus pies se vieron atraídos hacia la puerta 6, como si le pidiesen que fuese allí. Ella negó, apretando la mandíbula. Tenía que ver la 5, por lo menos mirar dentro. Decidida, corrió hasta allí, abriéndola sin dudar. Y vaya bien que hizo en hacerlo.

Dentro de la habitación se podía apreciar a su mejor amigo, encontrándola en el baño minutos después de tomar las pastillas. La mirada de horror en sus ojos era indescriptible y pronto también él lloraba. Llamó rápidamente al 911 y la mantuvo activa durante mucho tiempo, hasta que finalmente, una ambulancia llegó y se la llevó, su familia dentro, al igual que su amigo. 

Un futuro incierto comenzó a aparecer: ella saliendo del hospital, el chico de ojos azules a su lado, apoyándola. En la universidad, viéndolo todos los días. De novios, el joven comprándole un anillo de compromiso. Ella trabajando, ellos con una familia. Pero lo más importante: ella siendo feliz. 

Sonriendo con un nudo en la garganta la adolescente meneó la cabeza, colocando un pie dentro de la puerta número 5 y, finalmente se dejó llevar por la luz que la hizo desvanecer en el mundo real, donde pronto se encontró abriendo los ojos, despertándose con lentitud y viendo como primera cosa los ojos más azules que alguna vez podrían existir, sonriéndole con emoción.

—¿¡Emmeline!? —gritó el joven, tirándose sobre ella, haciendo que sintiera su calor y sus lágrimas—. ¡Emmeline! ¡Señora Robson, despertó! ¡Finalmente despertó!

El cabello negro del muchacho voló hacia el rostro de Emmeline, haciéndole cosquillas. Cuando él se tranquilizó y la miró directamente ella se relajó. Supo inmediatamente que había tomado la decisión correcta cuando vio el amor en él, sin embargo lo aseguró al oír a su madre llegando, abrazándola con ternura y a ambos diciéndole la misma cosa.

—No vuelvas a asustarnos así, Emmeline. No sabemos qué haríamos sin ti.



Fin.