I won’t give up on us…
Even if the sky gets roug…
I’m giving you all my love,
‘Cause God knows we worth it…
--I won’t Give Up. Jason Mraz.
April abrió un poco
los ojos mientras se desperezaba a las 5:00 de la mañana. Empezó a estirarse en
su cama y cuando se despertó por completo, pegó un salto que hizo que se diera
contra la madera de la cabecera. ¿Por qué estaba en su apartamento? ¿Cómo había
llegado allí? Y, ¿Por qué tenía su ropa de ayer?
Comenzó a buscar
frenéticamente a su alrededor, analizando algún indicio de recuerdo de la noche
pasada… Solo recordaba haber estado en la motocicleta con Caleb, para que luego
sus ojos se le cerrarán y amaneciera en su habitación.
De pronto se dio una
palmada contra la cabeza. Me han drogado,
que estúpida…
Vio la hora y abrió
los ojos como platos. A las 6:00 tenía que estar en la Academia para el viaje
de ese día… Por lo menos se había despertado con anticipación.
En un movimiento
grácil, volteó su cabeza hacia su izquierda y vio un bulto en la silla del
tocador. Casi grita del susto, pero se calmó pensando que podría ser alguien
malvado.
Sin saber qué hacer,
cogió un almohadón y lo agarró como si su vida dependiera de ello. Se acercó
poco a poco a la silla y cuando finalmente llegó, se puso a darle con la
almohada al bulto negro que ella veía.
— ¡Toma, desgraciado!
¡Ni se te ocurra tocarme, maldito! —dijo mientras le golpeaba con todas sus
fuerzas. El bulto comenzó a moverse y trató de bloquear los almohadazos pero no
podía, ella era muy persistente.
— ¿Cómo entraste, eh?
¡Maldito seas, no te muevas! ¡Llamaré a la policía! —De pronto oyó una risa
cálida y su corazón se lleno de ella. Suavemente, dejó de pegar para ver detrás
de su arma y localizó a un Caleb riéndose sin parar. Se llevó una mano a la
boca y dejó el almohadón tirado.
— ¿¡Caleb!? ¿Qué
estás haciendo aquí? ¿Qué paso? —Se arrodilló junto a la silla y le tocó el
rostro. Estaba cansado, eso era obvio. Él le sonrío y se encogió de hombros.
—Podría decirse que
te estoy cuidando, princesa. —Ella frunció el ceño y él le dio un pequeño beso
en los labios.
—¿Qué paso anoche? No
me acuerdo de mucho después de haberme dormido… ¡Me han drogado, Caleb! ¡Y yo
ni siquiera me he dado cue…! —la interrumpió poniéndole un dedo en los labios y
meneó la cabeza.
—Ve a bañarte,
recuerda que a las 6:00 tenemos que estar en la Academia. Yo me quedaré aquí
mientras tanto —Ella asintió con la cabeza y se paro poco a poco del suelo.
—Cuando termines, te contaré lo sucedido.
—Después de que me
bañe, te bañas tú. Usa la misma ropa, qué más da… —Él asintió y ella se dirigió
a su armario, donde sacó el vestuario que usaría junto con su ropa interior.
Al llegar al marco de
la puerta le dio una última mirada y él le alzo una ceja escépticamente.
— ¿Qué ves? ¿Crees
que te robaré o algo? —le dijo él, divertido.
—Para nada… —le
respondió contenta, mientras entraba al baño. Hizo la misma rutina de todos los
días, adiós ropa, adiós todo… Abrió la ducha —la cual ya lograba contralar como
una profesional—, y se metió en el agua caliente que ocupaba para despertarse
del todo… Tan solo pensar en Caleb durmiendo en su silla le daba pena. El pobre
había dormido… ¡Sentado! ¿Acaso no le dolería la espalda? O el trasero… Ella
estaría que se muere del dolor, pero seguro resiste más que ella.
Ya terminando, tomó
su paño y se secó. Considerando que iban a hacer un viaje ese día, había traído
una blusa ligera con unos jeans de mezclilla, y sus converse favoritas. Se vio
al espejo y le hizo una mueca a la persona que la veía sin maquillaje…
Encontraba realmente raro estar sin una gota de esté, pero no se le veía mal.
Cogió su secadora, se secó el pelo lo más que pudo y se hizo una coleta alta,
para que le aguantara todo el día.
Salió del baño y al
entrar al cuarto, estaba preparada para ver cualquier cosa menos lo que le
apareció…
Un Caleb dormido en
su cama, acurrucado con una almohada y su mejilla izquierda aplastada contra el
colchón. Parecía un niño realmente pequeño, algo así como un ángel.
Se veía adorable,
tanto así que no tenía ganas de despertarlo.
Sonrío para sí misma
y vio la hora. 5:20… Le daría 10 minutos para dejarlo dormir, tal vez podría
bajar abajo y comprar comida decente, considerando que no tenía nada en su
cocina.
¿Acaso no había una mini
tienda abajo? Nunca le había prestado atención, aunque estaba segura de que sí.
Con el más mínimo
cuidado, salió de la habitación, dejando a Caleb en los brazos de Morfeo y
llevándose consigo dinero para comprar alimentos nutritivos… O no tanto.
15
minutos después…
April llegó cargada
con 3 bolsas llenas de comida y frituras. Algunas cosas eran saludables… Otras,
no tanto; no había podido resistirse al ver todas las gomitas, chocolates y
helados, simplemente se los llevo, segura de que después se arrepentiría de
haberlos comprado.
Otra desventaja de ir
a la tienda… Debería hacer una lista.
Dejó las cosas en el
mueble de la cocina y oyó un pequeño ruido, como un susurro, algo un poco
lejos, pero no tanto. Se acercó al cuarto y no vio a Caleb dormido. ¿Dónde
estaba?
Cuando agudizo su
oído, pudo oír que el chorro de agua estaba abierto. ¿Ya se estaba bañando? Oh… Eso fue rápido, no durmió demasiado.
Poniendo sus manos a
la obra, desempacó todo lo que había traído —Vaya, era demasiado—, y se dedicó
a hacer el desayuno, el cuál consistía en un omelette de tomate con queso,
salchichas y un jugo de naranja. El omelette era su especialidad, por lo que esperaba
que le encantase.
Puso la sartén en la
estufa y empezó a cocinar. Colocó el huevo, pico el tomate, queso… Todo iba a
la perfección. Se concentró tanto, que ni se fijaba en su alrededor.
Escuchó que ya no se
oía el murmullo del agua, y se volteó. Aún no había salido, le quedaba tiempo.
Tomó la sal, y le
echó un poco, mientras calentaba las salchichas. Tomó un gran respiro, olía
delicioso.
Dio una vuelta, para
lavarse un poco las manos que estaban llenas de aceite y oyó que la puerta del
baño se abrió. Pensando que Caleb se había vestido ya, observo hasta que la
puerta se abriera para darle un “¡El desayuno ya casi está listo!”
Se quedó sin aliento
cuando lo vio allí, de lo más relajado con su cabello mojado, medio peinado, usando
tan solo unos vaqueros y lo demás descubierto, mostrando unos cuadritos
perfectos… ¡Vaya! ¿Acaso eran 6? Sus ojos se abrieron hasta no poder más, y
casi babea enfrente de él. ¿Qué se sentiría si pudiese tocarlos…?
—Mmm… huele delicioso
aquí. —le dijo, sacándola de su hechizo. Ella le miró a los ojos y vio
diversión en ellos. Sabía el efecto que tenía en ella. — ¿Qué hay para
desayunar, hermosa?
Se sonrojó por su
indiscreción y apartó la mirada.
—Omelettes con
tomate, salchichas y jugo de naranja… —Se volteó para terminar sus obras de
arte, aunque realmente solo quería quitar su mirada. Se veía tan sexy…
—Suena riquísimo,
tengo tanta hambre… —De pronto, sintió sus manos en su cintura, rodeándola. Se
estremeció —Aunque veo algo mucho más rico que eso, en este momento…
Empezó a besarla en
el cuello y ella se sonrojó desde el pecho hasta las orejas, no por el cumplido
—bueno, eso tenía algo que ver—, sino porque sentía sus duros cuadros contra
ella, y eso la hacía querer sentirlos…
—Sabes… —le
susurró—Me dan ganas de desayunar algo mucho mejor… ¿No te apetece?
Vaya si le apetecía…
Se volteó para encararlo y encontró sus labios a tan pocos centímetros… Amaba
esos labios. Con una leve inclinación, se encontró con ellos y empezaron unos
besos apasionados y hambrientos; ella pasaba sus manos por sus abdominales, sin
poder evitar tocarlos. Era demasiada tentación. Los sintió duros y
perfectamente moldeados, casi suspira en medio beso. Subió sus manos hasta su
cuello y siguió disfrutando. Él mientras tanto, hacía suaves caricias en su
espalda y cintura, prácticamente volviéndola loca.
Sabía que se le
olvidaba algo… Pero el beso la dejaba en otro mundo. Le tocaba su cabello y él
su rostro. Sus manos bajaban y subían, sus labios se unían y se separaban. Todo
era un cruce de algo. Hasta que abrió los ojos y vio la hora… ¡Maldita sea!
¡Las 5:50!
Se separó bruscamente
de él y miró el reloj asustada, pensando que había visto mal.
¿¡Tanto había durado
el beso!? ¡Oh, no! ¿Acaso siempre tenía que llegar tarde a la Academia?
Aturdido por la
separación tan repentina, Caleb la vio confuso.
— ¿Qué te pasa?
— ¡La hora! ¡Ya son
las 5:50 y hay que estar en la Academia a las 6:00 en punto! ¡No podemos llegar
tarde! Bueno… Por lo menos no yo, siempre llegó tarde y…—Él posó un dedo en sus
dedos para callarla y la miró serio.
—Princesa, ¿Acaso no
sabes que podemos llegar veinte minutos tarde en caso de emergencia?
Ella le dio una
mirada severa y gruñó.
— ¿Acaso ves alguna
emergencia aquí?
—Bueno—Lanzó una
mirada por encima de su hombro—, si sigues cocinando esos omelettes, pronto
tendremos un gran problema…
Alarmada, volteó su
mirada hacia el sartén y vio su desayuno a un punto perfecto, aunque pasándose
a lo quemado. No queriendo que lo hiciera, los quitó rápidamente con la
espátula y los puso en dos platos aparte. Luego cogió las salchichas y las posó
al lado de la comida.
Suspiró resignada.
—Ten —dijo,
entregándole un plato—, vamos a comer a mi habitación. Coge un jugo de naranja.
—Vale—respondió
obedientemente, haciendo lo que le había pedido.
Ella hizo lo mismo
por igual y lo siguió hasta su cuarto. Cuando llegó se sentó en la cama y
esperó a que él lo hiciera… Pero no lo hizo, más bien se veía incómodo.
—Vamos, siéntate
—dijo mientras palmeaba un lugar a su lado.
—Gracias —respondió
casi tímidamente, sentándose a su vez. Ella sonrío, le ponía nervioso.
—Vale, tenemos que
comer rápido, ¿sí? —le dijo ella, viendo la hora—No podemos llegar muy tarde,
no sé cuantas veces he llegado impuntual. Realmente creo que me desterrarán
—No seas tonta, no
pueden… —partió un pedazo de omelette y se lo comió… Sabía a gloria— ¡Oh y ayer
un idiota de mierda trato de violarte! ¡Por eso me quedé aquí en la noche!
April casi escupe la
comida cuando oyó lo que le decía.
—¿¡Qué venía a
qué!?—le dijo, aterrorizada.
Al ver su cara, tuvo
compasión y dijo la verdad.
—Vale, no venía a
violarte… Nos venía siguiendo desde el restaurante, te drogó y esperó a que yo
te dejara para hacerte algo, pero me quedé, así que le inserte unos buenos
puñetazos, eso es todo…
Ella lo vio incrédula
y empezó a preocuparse.
—Pero… ¿Qué quería de
mí? ¿Qué…? ¿Yo…? —Meneó la cabeza—No entiendo nada…
Caleb se metió otro
pedazo de omelette.
—Yo menos, aunque
parecía gato. —April sonrío. Qué ocurrencias se le venían a la cabeza.
De pronto, se sintió
desprotegida…
—¿Tú estás bien? ¿No
te pasó nada? ¿Te golpeo?
—Bah, un poco. Nada
del otro mundo —Frunció el ceño, pero no insistió más, tenían que irse rápido.
En unos minutos,
April se hizo tragado el desayuno y se levantó de la cama.
—¡Vamos, ya es tarde!
¡Ya son las 6:00! ¡Tenemos 10 minutos para llegar!
Caleb la vio desde
donde estaba sentado. Le sonrío perezosamente y por fin hizo lo mismo que ella.
Llevó los dos platos al lavabo y regresó por ella.
—Vamos… —le dijo
mientras le tomaba la mano. La guió hasta llegar a la puerta, donde la abrió
para que pasara y luego paso él.
April se decía a sí
misma que para cuando volvieran tendría que limpiar todo, y además, ver que
había dejado mal hecho…
¿Había traído su
celular? Sí, si lo había hecho. Suspiró.
Si no lo traía,
Scarlet la mataría…
¡Scarlet! Se fijo en
su celular y lo reviso…
¡¿12 llamadas
perdidas!? ¿Pero qué rayos?
Caleb la observaba
curioso mientras bajaban las escaleras.
—¿Qué pasa?
—¡Tengo 12 llamadas
perdidas de Scar! ¡Me matará! —Lo observó unos segundos—¿Me dejarías…?
—Sí, claro. Adelante.
—Gracias.
Rápidamente marcó el
número de su mejor amiga, que se lo sabía de memoria y espero a que
respondiera…
¿Había pasado algo?
¿Su mamá estaba bien? ¿Por qué llamarla tan seguido? ¡Oh, Dios! ¡Esto no le
podía estar pasando a ella!
—¿Sí? —contestó una
Scarlet realmente calmada.
—¡No me vengas con un
¿sí?! ¿Qué paso? ¿Por qué me llamaste tanto?
—¡Aprilynne Skye! ¡Te
mataré! ¿Se puede saber dónde has estado todo el santo día, señorita? ¿Ah?
¿¡Qué hiciste?! ¡Te drogaste! ¡Oh no me digas que fuiste a un night club a
ahogar tus penas! ¡Eso no es bueno, Ap! ¿Qué pasa si alguien trata de violarte?
¡Imagina lo que podría…! —Hasta ese punto April dejó de escucharla… ¿Acaso
tenía un chip o algo? “Te drogaste” Bueno, casi… La drogaron. ¿Y violarla? Algo
así… la acosaron.
—¡Scar! ¡Cállate por
lo que más quieras! Cada vez que hablamos tengo que callarte. Algún día te
quedarás muda y ese día disfrutare…
—¡Serás bruta, tú!
¿Muda? ¡Vaya amiga! A ver, quiero detalles. ¿Por qué mierdas desapareciste?
—Será que algún día
hablarás como una señorita…
—Eso es como
preguntarme si algún día dejarás de ser una romántica empedernida.
—Ya, ya… Calla.
—Solo callare hasta
que cuentes…
April se volteó a ver
a Caleb, quién estaba muerto de la risa… ¿Por qué Scarlet tenía que hablar tan
alto?
—Amm… Lo diré en
código… Él, río, cumpleaños, regalo, —¡Oh maldita sea! ¿Dónde había dejado el
libro!?—, locuras… Cena, persecución, acosador, golpes, él, cama, dormir…
Esperó unos segundos,
rezando para que Scarlet entendiera mientras salían del edificio y Caleb
llamaba a un Taxi.
—¿¡Qué Caleb te llevó
a un río, donde celebraron el cumpleaños, te dio un regalo, luego una cena, y
para después alguien los persiguiera, te acosara y él lo golpeara y tuviera
sexo contigo!? ¡OH! ¡¿Has perdido ya la virginidad!?
April se llevó una
mano a la frente… Había entendido todo hasta lo último. Que necedad tenía con
que perdiera su virginidad…
—Lo último fue lo
único que malpensaste…
— ¿Te violó,
entonces?
Él no resistió y se
echó a reír mientras se montaban al taxi.
—¡No, Scarlet! ¡Oh,
por todos los cielos! ¡Eres imposible! ¡No me hizo nada, no hicimos nada!
—Oh… —¿Por qué rayos
sonaba triste?—Que lástima… Y yo que quería detalles.
April oyó como Caleb
le daba direcciones al taxi y se fijó en el reloj… Les quedaban 8 minutos.
—Scar, tengo que
irme, ¿vale? Te llamo mañana. Adiós.
—Eres jodidamente
pesada… Por eso te amo. ¡Adiós! —Antes de que April pudiese devolverle el
cumplido, colgó, dejándola sola en la pena que le traían las conversaciones de
su amiga… ¿Qué haría sin esas habladurías?
Volteó su cabeza
hacia Caleb, quien la veía muerto de la risa. Ella sonrío.
—¿Qué? ¿Avergonzado
de que mi mejor amiga sea una pervertida?—Él le sonrío pícaramente.
—Encantado de saber
que la chica me da su apoyo para tenerte como mía… —Los ojos de ella se
abrieron como dos bolas y se sonrojo de pies a cabeza.
¿Por qué rayos tenía
que ser tan… directo?
6 minutos después…
—¡April, casi haces
que el taxista nos mate en el camino! —le dijo él, quien iba siendo jalado de
la mano debido a ella.
Llegaron a la puerta
de la Academia y él la detuvo.
—¡Espera, Ap! ¡Hay
que entrar por detrás, es una misión secreta, no una misión como todos los
días! —Ella frunció el ceño, pero se dejo guiar por él para no tener
contratiempos.
Caleb la llevo por
una parte que nunca había visto del gran edificio. Estaba oscuro, un poco
destruido, algunas mesas se caían de lo viejas que estaban y las sillas se
encontraban en un estado terrible. Los árboles estaban sin hojas y las flores
marchitas. De tan solo verlo, le dio un escalofrío.
—¿Qué le sucedió a
este lugar? —le preguntó April, mientras él rodeaba un árbol y apretaba un
botón en ese. Ella vio con curiosidad como se abría una puerta del tronco…
Impresionante.
—Se dice que hace
muchos años, algún alquimista tonto e inexperto encontró la piedra filosofal en
Dios sabe dónde y al tenerla en sus manos, creyó que podría tener vida eterna.
Por su egoísmo y frialdad, se dirigió a este mismo bosque, creyendo que no
sería visto y empezó el tratamiento con la *quinta esencia. Usó las sustancias
necesarias… Mercurio, azufre filosofal, puso a arder el fuego en el huevo de
cristal contra la luz, creyendo que lograría convertir una simple roca en oro.
—Pero, no pudo… ¿No
es así? —le dijo April, entendiendo las cosas.—Se supone que su preparación
dura muchísimo, la esencia debe pasar por diferentes colores todos los días
hasta llegar al gas rojo. Debes tener un
límite de 20 años para tener vida eterna, y uno de 5 para sacar oro ¿O me
equivoco?
—En efecto, sí. —le
respondió él, mientras bajaban unas grandes escaleras—Mas sin embargo, el pobre
hombre no sabía nada de ello e hizo todo el experimento. A la hora de llegar a
colocar la sustancia prometida en el huevo de cristal… Todo explotó… Se dice que
su cara quedó destrozada y murió a los minutos, mientras que este pequeño
pedazo de tierra quedó machacado y arraigado. —April asintió y sintió pena por
el pobre chico… Si tan solo hubiese tenido más cuidado.
Después de unos
segundos de bajar y bajar escaleras, donde todo estaba oscuro, ella se
desesperó. ¿Cuándo iban a llegar…? Sintió un apretón en la mano y trató de
verlo en la oscuridad, aunque solo logró deslumbrar un pequeño ápice de su
sonrisa.
No sabía que la
Academia tuviese tantos lugares secretos… Parecía como si fuese relativamente
pequeña, aunque ya veía que no.
Finalmente vio la luz
al final del túnel… Es decir, al final del pasadizo y estrechó los ojos para
acostumbrarse a la luz. Caleb la sacó rápidamente y llegaron a una pequeña
sala, en donde todo era de madera. Escritorios, sillas, sillones, lámparas,
todo, absolutamente todo era de madera. Las alfombras combinaban con su color y
había un gran recuadro con la foto de un árbol en él…
Irónico, ¿no?
Cuando logró ver bien
del todo, detectó que todos estaban allí reunidos. Gabe, Raúl, Joseph, Jeremy y
por último Ronald… ¿Qué hacían ellos aquí?
—Buenos días —dijo
cortésmente, Caleb. Todos asintieron con la cabeza, en señal de saludo.
—¡Hola, chicos!
—saludó April y vio a Ronald—Y… profesor.
Todos le sonrieron y
se acercaron para saludarla. Raúl le tomo la mano y besó sus nudillos, Jeremy
le dio un cálido beso en la mejilla izquierda y Joseph en la derecha, mientras
que Gabe le dio una gran sonrisa y la abrazo con todas sus fuerzas, cuidando de
su brazo enyesado.
—¡Gabe! —le dijo
ella, contenta de ver que ya podía estar fuera. —¡Tu brazo! ¡Ya estas mejor! ¿O
no?
—Sí, divina, ya estoy
mucho mejor… Tanto así que vengo con todo para Caleb —Le guiño un ojo y él se
estremeció, apartando su mirada enfadada. Sus amigos lo observaron y se
carcajearon al mismo tiempo.
—¡Será celoso! Ya se
enojo… —dijo Raúl, dándole una palmada en la espalda.
—Ustedes son
demasiado cariñosos… —respondió él, enfurruñado.
—En realidad lo
hacemos para ver tu reacción, chiquitín… —Jeremy le dio un codazo en las
costillas. Él volteó sus ojos.
—Disculpe profesor,
pero… ¿Qué hacen todos aquí? —preguntó April, inocentemente. El grupo de
muchachos la vio maliciosos.
—Oh, eso es simple,
querida —le respondió, sonriendo—. Ellos son el grupo que los acompañará en la
misión… ¿Por qué? Porque ustedes son dos alquimistas de nivel uno, así que
necesitan dos de cada nivel. Gabe y Raúl son de nivel dos, mientras que Jeremy
y Joseph son de nivel tres.
—Pero Gabe tiene su
brazo dañado… ¿No es peligroso?
—Según los doctores,
ya puede hacer muchas actividades, así que no creo que haya mucho problema,
señorita. No te preocupes.
Ella asintió y
observó a Caleb, quien tenía una expresión inescrutable. Paseó de nuevo su
mirada por el lugar y vio 6 pequeñas maletas en la estancia. ¿Y eso es…?
—Oh, veo que has
notado las maletas. —le dijo Ronald, sonriente—Nos tomamos la molestia de
recoger sus prendas de sus apartamentos. Como saben, tenemos una copia de las
llaves de ellos, así que…
April abrió los ojos
de golpe, al igual que todos los demás… ¿Desde cuándo tenían ese derecho?
—¿Allí hay ropa mía?
—preguntó Raúl, sorprendido.
—En efecto, sí…
—¡Con razón hoy no
encontraba mis pantalones rosados…! —dijo Gabe, quien vio con disgusto sus vaqueros
morados y camisa blanca.
—Ya decía yo que me
faltaban zapatos en mi armario… —repuso Jeremy, un poco anonadado.
—Sí, yo noté que
tenía un poco menos de ropa… —comentó April, molesta de que hubiesen entrado a
su querido apartamento sin su permiso. Eso no debería ser así.
Todos esperaron a que
Caleb hiciera un comentario, pero no hizo ninguno. ¿Cómo lo haría? Había pasado
la noche en donde April y no sabía qué le faltaba y qué no...
—Bueno… —empezó Caleb,
tratando de cubrirse de las miradas interrogatorias de los demás— ¿No tenemos
que irnos ya?
—Oh, sí claro… —se
acercó a él y les dio las llaves de un auto—Estas son las llaves del Toyota
Highlander, ¿Vale? Debes cuidarlo muchísimo, recuerda que es de la academia.
¿Recuerdas donde queda el aparcamiento?
Asintió, decidido
—Perfecto. Ten las
direcciones de los hoteles en los que se van a hospedar. El viaje a Virginia
dura 3 días, sin contratiempos, ¿vale? Así que lo necesitan. Todo está pagado,
no se preocupen. Incluye comida, etc. —Le dio varios panfletos y se puso
totalmente serio—No hagan ninguna estupidez y por favor, sean discretos.
—Sí, señor —le
respondieron todos al unísono.
—Muy bien… Buena
suerte, muchachos. —Sin más que decir, los guió hasta una pequeña puerta al
lado del pasadizo por donde habían venido April y Caleb, apretando un botón.
Al abrirse, entraron
en una pequeña caja plateada que tenía varios botones sin coherencia alguna.
Al entrar, las
puertas se cerraron y Caleb apretó 7 botones en un orden especial, haciendo que
algo los elevara y fuesen correctamente. Ella vio a todos a su alrededor,
esperando que estuvieran igual de sorprendidos que ella por tal combinación,
pero en lugar de eso, lo veían aburridos.
Él por su parte, se
colocó al lado de April y pasó una mano por su cintura, besando su coronilla.
Ella apoyó la cabeza en su pecho, un poco cansada por tanto embrolló. Todos los
veían curiosos, alzando cejas y pegándose codazos, divertidos por la escena
cariñosa.
Caleb los aniquilaba con
la mirada, por lo que ellos solo se reían más.
Cuando las puertas se
abrieron, todos salieron a un estacionamiento oscuro y de asfalto. Puro
asfalto.
Buscaron con la
mirada el carro de marca, creyendo que estaría lleno, cuando solo había un
carro aparcado. El Toyota Highlander. Miraron boquiabiertos el gran carro, todo
nuevo y reluciente.
Era de un color
plateado, su placa estaba recién comprada, sus llantas negras como la noche y
sin ningún raspado.
Salieron corriendo
hacia el carro, contemplándolo, tocándolo como si fuese algo fuera de lo
normal. Caleb abrió el carro y todos entraron, disfrutando el olor a carro
nuevo.
Los asientos eran de
un cuero blanco, todo el carro por dentro era beige y luminoso. Tenía la más
alta tecnología, con una pantalla a la mitad del volante para saber lo que
viene delante de ti. Otra pantalla en la radio para ver las estaciones de radio
y lo mejor de todo… ¡Un contenedor para refrescos!
Caleb se puso al
volante, mientras que Gabe se peleaba con April por ir adelante, con él. Los
demás se colocaron en el asiento de atrás, en el cual cabían 4 personas.
—Gabe, yo voy a ir
adelante. Es lo más justo, soy la mujer…
—¿Y? Mi sueño era ser
mujer, pero Dios no me ayudo. Eso se parece ¡Vamos!—April sonrío.
—No. —le dijo decididamente.
—Sí
—No.
—Sí.
—No…
—Sí
—¡Que no!
—¡Oh, vamos ustedes
dos! ¡Gabe, no seas tan jodidamente gay y deja que la señorita disfrute de la
compañía de su novio! ¡Vamos, vamos! —le gritó Joseph, desde el carro.
—Pero…
—¡Pero nada, súbete
que perdemos tiempo!
Gabe se subió a
regañadientes, mientras que April se montó al asiento triunfalmente, con una
gran sonrisa. Se giró para ver a Caleb. Él la igualo.
—Esa es mi chica —le
dijo, guiñándole un ojo y tomándola de la mano. Se relajó, iba a ser un buen viaje.
Cuando por fin
salieron a la luz del sol y se dirigieron a
la calle principal, April se fijo en algunas cosas del carro. Tenía un
compartimiento abajo, muy curioso.
Lo tocó… De pronto,
salió un cuchillo gigante de él y jadeo. Fue sacándolo poco a poco y lo
contempló… Tenía un filo, impresionante.
—¿¡Pero de dónde
sacaste eso!? —le dijo Caleb, asustado.
—Estaba allí… —Él
frunció el ceño y se encogió de hombros. Tal vez les ayudaría en algún momento.
Cuando ya iban a
algunos metros de la Academia, April visualizo una sombra negra cerca del carro
y entonces vio a Darwin, quien les hacía señas para que regresaran. Caleb lo
vio y gruño…
—Maldita sea, nos ha
visto— Como no le hacían caso, sacó un revólver de Dios sabe dónde y empezó a
apuntar. Todos voltearon a ver y abrieron los ojos, con pánico.
—¡Hasta aquí llegamos
todos! ¡Fue un gusto conocerlos, nos vemos en el infierno! —les dijo Joseph,
quien se veía divertido.
April estaba tan
asustada que hizo lo primero que se le ocurrió, cogió el cuchillo y abrió la
ventana, apuntando con él hacia Darwin.
—¿¡April, pero qué
mierda estás haciendo!? —le preguntó Caleb, exaltado.
—¡Te diré lo que está
haciendo, está salvando nuestros culos, déjala! —le respondió Jeremy, feliz.
Sin pensárselo dos
veces, le tiró el cuchillo al hombre quien estaba a punto de mandar un balazo.
El arma lo rosó en la mejilla, dejándole una fea cicatriz. Empezó a sangrar y
sangrar y ella se relajó, eso les daría tiempo para escapar.
—¡Acelera! —gritó
Gabe. Caleb se giró para ver a Darwin y vio el golpe, luego miró a April con
ojos muy abiertos y sonrío… Estaba loca.
Aceleró hasta más no
poder y empezaron el recorrido aceleradamente, algo que no querían.
Después de unos
segundos, se oyó un motor tras ellos. Raúl volteo a ver y frunció el ceño.
—Perfecto, ahora nos
persiguen…
—¿Por qué rayos nos
tienen que perseguir a nosotros, Ap? ¿Qué tienes un imán para eso? —le preguntó
Caleb, divertido por la situación, pero un poco temeroso.
—Si tengo un imán,
que me lo quiten de una buena vez… —Le acarició suavemente la mano— ¡Ahora
acelera si no quieres morir en el intento!
Él se encogió de
hombros y pisó el acelerador, empezando con la nueva aventura porvenir.
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